Saber cómo se agarra una copa de vino correctamente transmite elegancia, buen gusto y también influye en la experiencia sensorial. Tanto si se trata de vino tinto como blanco, dominar este pequeño gesto marca la diferencia entre simplemente beber o disfrutar de verdad.
Aunque a simple vista parezca un detalle menor, la forma en la que se coge una copa puede afectar a la temperatura del vino, a su aroma e incluso al sabor.
A continuación, descubrirás cuál es la forma correcta de agarrar una copa de vino, qué dice el protocolo y por qué no da igual si eres hombre o mujer cuando se trata de estilo y naturalidad. También veremos los errores más comunes y cómo puedes practicarlos tú mismo en las catas de vinos, donde cada detalle cuenta.
¿Por qué importa cómo se coge una copa de vino?
Aunque pueda parecer un gesto sin importancia, la manera en que se coge una copa de vino influye directamente en la experiencia de degustación. No se trata solo de protocolo o de parecer sofisticado: hay razones sensoriales y funcionales que justifican seguir ciertas normas básicas a la hora de agarrar correctamente una copa.
Razones prácticas y sensoriales
Una copa de vino bien sostenida permite apreciar mejor los aromas, observar el color con claridad y mantener la bebida en las condiciones óptimas.
Si colocamos los dedos en la parte superior de la copa podemos ensuciar el cristal con huellas, dificultando la visualización del vino. Además, cubrimos el acceso al aroma y limitamos la oxigenación que necesita para desplegar sus matices.
Desde el punto de vista sensorial, el simple gesto de sostener la copa por el tallo mejora la experiencia global: te permite mover el vino con delicadeza, oxigenarlo y olerlo sin obstáculos, tal como lo hacen los sumilleres profesionales. Todo suma para que el vino se exprese con todo su carácter.
El papel de la temperatura y la forma de la copa
Si sujetas la copa por el cáliz, el calor de tu mano calienta el vino, algo especialmente negativo en blancos, espumosos o rosados, que requieren frescura. Incluso en vinos tintos, que se toman a temperatura más templada, un exceso de calor corporal puede alterar el equilibrio del vino.
La forma de la copa está diseñada para canalizar el vino hacia la zona adecuada de la boca según el tipo (tinto, blanco, dulce…). Por eso, agarrarla correctamente garantiza que cada sorbo llegue con el equilibrio justo de aroma, temperatura y sabor, como fue pensado por el enólogo al diseñar el vino.
La forma correcta de agarrar una copa de vino
Es más fácil de lo que parece, pero requiere atención a los detalles. No importa si estás en una cata formal, en una cena especial o simplemente compartiendo un vino con amigos.
¿Dónde poner los dedos?
La regla de oro es agarrar la copa por el tallo, es decir, la parte alargada entre la base y el cáliz. Usa el pulgar, el índice y el corazón para sujetarla con ligereza, dejando que la base de la copa repose ligeramente sobre los dedos anulares y meñiques si es necesario.
Este gesto elegante cumple una función muy clara: evita transferir calor al vino y te permite mover la copa con facilidad para apreciar mejor sus aromas y color.
Diferencias entre vino tinto y vino blanco
Aunque el gesto básico es el mismo, existen algunas variaciones sutiles según el tipo de vino. En el caso del vino blanco, espumoso o rosado, es especialmente importante mantener la bebida fría, por lo que sujetar por el tallo es imprescindible.
Para los vinos tintos, cuya temperatura ideal de servicio es más elevada, se puede permitir en ocasiones tomar la copa ligeramente más arriba —cerca de la unión del tallo con el cáliz—, aunque siempre sin rodear completamente el cuerpo de la copa. De todos modos, en catas profesionales o eventos formales, se sigue recomendando mantener el protocolo clásico.
¿Qué pasa si se agarra mal la copa?
Agarrar mal una copa puede parecer un pequeño detalle, pero tiene un gran impacto. Puede alterar la experiencia sensorial. Si se sostiene por el cáliz, el vino puede calentarse rápidamente, especialmente en ambientes cálidos o si se sostiene durante mucho tiempo. Esto cambia su aroma, su equilibrio y su sabor.
Impide que puedas oxigenar el vino correctamente al mover la copa, y tus dedos pueden bloquear los aromas que se liberan en la parte superior. A nivel visual, las huellas también estropean la claridad del cristal, dificultando la apreciación del color y la limpieza del vino.
Estilo y protocolo al sostener una copa de vino según la ocasión
Saber coger bien la copa de vino es una cuestión de saber estar. En catas profesionales, eventos sociales o cenas formales, la forma en la que manejamos la copa transmite más de lo que imaginamos. No se trata de parecer estirado o forzado, sino de encontrar un equilibrio entre elegancia y naturalidad. Y sí, según el contexto, incluso pueden influir detalles como el género o el código de vestimenta.
Elegancia y naturalidad al beber en eventos
En cualquier evento social donde el vino esté presente, como una boda o la feria vinícola de Valencia, el gesto de sostener la copa dice mucho de ti. La clave está en ser sutil: evita movimientos bruscos, no gesticules con la copa en la mano, y no la uses como apoyo o excusa para no interactuar.
Sujetarla por el tallo con naturalidad transmite sofisticación sin caer en la exageración. En entornos formales, como cenas de empresa o presentaciones, seguir el protocolo básico demuestra atención al detalle. Mientras que, en eventos más distendidos, puedes permitirte cierta flexibilidad siempre que no comprometa la calidad del vino ni la higiene visual de la copa.
¿Influye si la persona es hombre o mujer?
En cuestiones de protocolo, el género no determina cómo debe sostenerse una copa de vino. Sin embargo, es cierto que hombres y mujeres pueden transmitir sensaciones distintas al hacerlo, debido a factores culturales o gestuales. En mujeres, el gesto suele asociarse a delicadeza y sutileza; en hombres, a seguridad o control. Pero lo realmente importante es que ambos transmitan comodidad, elegancia y seguridad al sostenerla.
Al final, lo ideal es adaptar el gesto a tu personalidad sin perder de vista la función práctica: conservar la temperatura del vino, facilitar su oxigenación y permitir que el aroma se libere correctamente. No hay una forma «de mujer» o «de hombre», sino formas acertadas… y otras menos recomendables.
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